Consiste en la percepción de uno o más defectos en la apariencia física que no son observables por otros y que no se relacionan con el peso ni la grasa corporal. Además causan distrés clínicamente significativo y se relacionan con comportamientos repetitivos como mirarse continuamente al espejo, arañarse la piel, arreglarse exageradamente y comparar constantemente su apariencia con otros. Tiene además dos especificadores, uno es la dismorfia muscular, más frecuente en hombres y que se relaciona con exceso de ejercicio y abuso de esteroides anabólicos. El otro es la introspección (presente, pobre o ausente).
Generalmente inicia en la adolescencia y es más frecuente en mujeres (3:2). Lo más frecuente es que sitúen los defectos en la cara o en la línea de implantación del cabello, pero pueden ser en cualquier parte del cuerpo. 20% de los pacientes dejan los estudios por esta patología y 44% reportan intentos suicidas.
Se observan síntomas paranoides, los pacientes refieren que las personas se burlan o hablan de sus defectos. Reportan ánimo melancólico y la depresión es una comorbilidad frecuente en este trastorno.
Otro síntoma frecuente son las compulsiones por revisar, arreglar o esconder los defectos percibidos y gastan mucho tiempo en peinarse, vestirse, afeitarse. También se pueden poner al sol mucho tiempo para broncearse o arañarse la piel.
Otro indicador puede ser la búsqueda frecuente de tratamientos dermatológicos, dentales y quirúrgicos estéticos. No es raro que se realicen autocirugías.
En la entrevista podemos preguntar si al paciente le preocupa su aspecto, qué zonas del cuerpo le preocupan y si esta preocupación le genera malestar por ser tan frecuente e intensa (con tendencia a ser obsesiva). También preguntar por compulsiones respecto a estas preocupaciones.
Siempre se deben descartar trastornos de la conducta alimentaria .
El tratamiento se enfoca en disminuir el malestar que le genera la preocupación por su defecto imaginado al paciente, además de explicar la patología y para ello es necesario un buen vínculo médico-paciente. Se debe ser explícito en la recomendación en contra de las cirugías y otros procedimientos.
El tratamiento es principalmente psicoterapéutico basándose en exposición y respuesta, la misma que en trastorno obsesivo compulsivo. La terapia cognitivo conductual debe ser semanal y generalmente entre 5 y 6 meses
También se pueden utilizar psicofármacos como inhibidores de la recaptación de serotonina, la mayor evidencia es con fluoxetina y clomipramina a dosis altas (dosis de TOC).
Cuando no funciona, se puede potenciar con buspirona. Los antipsicóticos no tienen buena evidencia
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