Uso Racional de Benzodiacepinas en la Práctica Médica Diaria

Las benzodiacepinas (BZD) son medicamentos con efectos ansiolíticos, sedantes, hipnóticos, anticonvulsivantes y relajantes musculares. Desde su introducción en la década de 1960, se convirtieron en uno de los grupos farmacológicos más prescritos en el mundo. Su eficacia a corto plazo es bien conocida, pero el uso crónico e indiscriminado ha generado una crisis silenciosa de dependencia, deterioro funcional y sobredosis, muchas veces enmascarada bajo su uso aparentemente benigno.

En la atención primaria, las BZD siguen siendo ampliamente utilizadas, en ocasiones como primera opción para insomnio, ansiedad o síntomas somáticos de origen incierto. Esta entrada busca ofrecer una guía clara, práctica y actualizada sobre el uso racional de estos medicamentos.


Indicaciones Avaladas para el Uso de Benzodiacepinas

  1. Trastorno de ansiedad generalizada (TAG) — como tratamiento inicial o puente, por un periodo limitado, mientras se instaura terapia cognitivo-conductual o antidepresivos.
  2. Ataques de pánico — uso episódico o en crisis aguda, siempre asociado a un plan de tratamiento a largo plazo con ISRS.
  3. Insomnio agudo y transitorio — cuando existe un estresor identificable y se espera resolución en menos de 2 semanas.
  4. Síndrome de abstinencia a alcohol — especialmente diazepam o lorazepam.
  5. Convulsiones y estados epilépticos agudos — midazolam, lorazepam o diazepam.
  6. Espasticidad severa en enfermedades neurológicas — como esclerosis múltiple o parálisis cerebral.

Importante: ninguna guía internacional recomienda el uso de benzodiacepinas como tratamiento único o de largo plazo para insomnio o ansiedad.


Riesgos del Uso Prolongado o Inadecuado

  1. Tolerancia: necesidad de dosis mayores para lograr el mismo efecto.
  2. Dependencia: aparición de síntomas de abstinencia al suspender la dosis.
  3. Síndrome de abstinencia: ansiedad de rebote, insomnio, irritabilidad, temblores, y en casos graves, convulsiones.
  4. Deterioro cognitivo: especialmente en adultos mayores, con riesgo de desarrollar demencia.
  5. Riesgo de caídas y fracturas: relacionado con somnolencia residual, ataxia y debilidad muscular.
  6. Sobredosis accidental o combinada: especialmente cuando se combinan con opioides, alcohol o antidepresivos tricíclicos.

Factores de Riesgo para Uso Problemático

  • Edad >65 años
  • Historia de consumo de sustancias psicoactivas
  • Trastornos afectivos mal tratados
  • Falta de acceso a psicoterapia
  • Prescripción crónica sin revisiones
  • Múltiples médicos prescriptores

Cómo Prescribir de Forma Razonable

  1. Indicar con un plan claro: definir objetivos, duración y criterios de suspensión desde el inicio.
  2. Elegir la molécula adecuada según la indicación:
    • Alprazolam y lorazepam: alta potencia, corta duración — mayor riesgo de dependencia.
    • Clonazepam: vida media larga, útil para ansiedad severa.
    • Diazepam: larga vida media, útil en abstinencia alcohólica o descontinuación gradual.
  3. Dosis mínima eficaz por el menor tiempo posible.
  4. Evitar combinaciones peligrosas: como opioides, alcohol o antihistamínicos sedantes.
  5. Revisar el tratamiento cada 4 a 6 semanas.
  6. Educar al paciente sobre los efectos adversos, tolerancia y riesgo de dependencia.

Descontinuación Gradual: Cómo y Cuándo

Muchos pacientes llevan años tomando benzodiacepinas y desean (o deben) suspenderlas. Esto debe hacerse de manera gradual, segura y con acompañamiento.

  • Identificar motivación y contexto: ansiedad mal controlada, insomnio crónico, prescripción múltiple.
  • Elegir un esquema de reducción:
    • Reducción de 10-25% de la dosis cada 1 a 4 semanas.
    • En algunos casos, se cambia a una BZD de vida media más larga (por ejemplo, diazepam) para facilitar el retiro.
  • Acompañar con otras medidas:
    • Introducir ISRS o antidepresivos si hay síntomas afectivos no tratados.
    • Psicoterapia cognitivo-conductual.
    • Técnicas de manejo del sueño y ansiedad.

La abstinencia abrupta debe evitarse siempre, salvo en caso de intoxicación aguda.


Rol del Médico General

  • Detectar pacientes en riesgo de uso crónico o dependencia.
  • Evaluar de forma crítica la continuidad del tratamiento en cada consulta.
  • Generar confianza para hablar de reducción o suspensión progresiva.
  • Coordinar con especialistas en casos complejos o refractarios.
  • Educar sobre alternativas efectivas como la terapia cognitivo-conductual para insomnio y ansiedad.

Conclusión

Las benzodiacepinas no deben ser demonizadas, pero sí utilizadas con cautela y criterio. Su efectividad a corto plazo es indiscutible, pero los riesgos del uso prolongado requieren que el médico general actúe con responsabilidad clínica. Con un enfoque racional, estructurado y centrado en el paciente, es posible aprovechar los beneficios de estas moléculas sin incurrir en los daños que su mal uso genera.


Referencias

  1. Dell’Osso, B., et al. (2020). «Use of benzodiazepines in anxiety disorders: A brief updated review.» International Journal of Psychiatry in Clinical Practice. [Acceso libre] https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/13651501.2020.1793835
  2. Lader, M. (2011). «Benzodiazepines revisited—will we ever learn?» Addictive Behaviors. [Acceso libre] https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3684330/
  3. Soyka, M. (2017). «Treatment of benzodiazepine dependence.» New England Journal of Medicine. [Acceso libre] https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMra1611832
  4. Olfson, M., et al. (2015). «Benzodiazepine use in the United States.» JAMA Psychiatry. [Acceso libre] https://jamanetwork.com/journals/jamapsychiatry/fullarticle/2467824
  5. Kurko, T. A., et al. (2015). «Long-term use of benzodiazepines: Definitions, prevalence and usage patterns – a systematic review of register-based studies.» European Psychiatry. [Acceso libre] https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0924933814000863

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