Trastornos de la Personalidad: Cómo Identificarlos y Cuándo Referir desde la Medicina General

Los trastornos de la personalidad son condiciones clínicas que a menudo generan dificultades relacionales, sufrimiento emocional persistente y una alta demanda de atención médica, incluso sin una causa médica clara. Para el médico general, reconocer estas estructuras de personalidad puede ser clave para evitar frustraciones, mejorar la alianza terapéutica y saber cuándo referir al especialista en salud mental.

Esta entrada explora cómo identificarlos en consulta, las señales de alerta más frecuentes y qué puede hacerse desde el primer nivel de atención para contener, orientar y canalizar adecuadamente estos casos.

¿Qué son los trastornos de la personalidad?

Son patrones persistentes de experiencia interna y comportamiento que se desvían marcadamente de las expectativas de la cultura del individuo, son inflexibles, comienzan en la adolescencia o adultez temprana y generan un deterioro funcional significativo o malestar subjetivo.

Según el DSM-5, para que un patrón sea considerado patológico debe ser:

  • Pervasivo (afecta múltiples contextos: familiar, laboral, social)
  • Estable en el tiempo (no transitorio)
  • Ego-sintónico (el paciente muchas veces no lo ve como un problema propio)

¿Por qué es importante reconocerlos en consulta general?

  • Muchos pacientes con trastornos de personalidad consultan por síntomas físicos sin causa aparente, quejas persistentes o reacciones emocionales desproporcionadas.
  • Pueden tener baja adherencia al tratamiento o rotar de médico en médico.
  • Las interacciones con el personal de salud pueden ser tensas o generar desgaste si no se comprenden desde su funcionamiento emocional.
  • En algunos casos, hay alto riesgo de conductas impulsivas o autolesivas.

La detección precoz permite un enfoque más empático, evita iatrogenia y mejora la coordinación con psiquiatría o psicología.

Clasificación general (DSM-5)

Se agrupan en tres clústeres:

🔹 Grupo A (raros o excéntricos)

  • Paranoide
  • Esquizoide
  • Esquizotípico

🔸 Grupo B (dramáticos o impredecibles)

  • Límite (borderline)
  • Antisocial
  • Histriónico
  • Narcisista

🔹 Grupo C (ansiosos o temerosos)

  • Evitativo
  • Dependiente
  • Obsesivo-compulsivo (no confundir con TOC)

Señales de alerta para el médico general

  • Conflictos frecuentes en relaciones personales o con el personal de salud.
  • Rotación de médicos o solicitud frecuente de exámenes sin resultados patológicos.
  • Emociones intensas ante situaciones menores.
  • Idealización/devaluación del médico.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Narrativas rígidas sobre cómo deben comportarse los demás.

Qué hacer desde el primer nivel de atención

Establecer límites claros

  • Empatía sin ceder a demandas desproporcionadas.
  • Claridad en los objetivos y tiempos de la consulta.

Cuidar la relación terapéutica

  • Validar sin reforzar dramatización.
  • No entrar en confrontaciones o debates innecesarios.

Evitar sobremedicalizar

  • No indicar psicofármacos innecesarios.
  • Enfatizar el componente psicológico del malestar.

Documentar adecuadamente

  • Registrar conflictos, acuerdos y evolución.

Coordinar con salud mental

  • Derivación con descripción conductual y contexto, no solo con diagnóstico.

Cuándo referir al psiquiatra o psicólogo

  • Síntomas emocionales intensos o persistentes.
  • Conductas impulsivas o autolesivas.
  • Alta conflictividad interpersonal.
  • Fracaso de intervenciones iniciales.
  • Comorbilidad con otros trastornos mentales.

Conclusión

El médico general no está llamado a hacer el diagnóstico definitivo, pero sí puede detectar patrones disfuncionales, contener emocionalmente y canalizar a tiempo al especialista. El abordaje empático con límites claros es fundamental para lograr un acompañamiento eficaz y proteger la relación médico-paciente.


Bibliografía

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