La psiquiatría y la sensibilización sobre el trastorno afectivo bipolar.

Desde que aparecimos como especie y conquistamos todo el mundo, los mismos miedos nos han acompañado a través de los siglos: el miedo a la muerte y el miedo a enloquecer.
Locura es una palabra que los psiquiatras no utilizamos, no nos gusta porque su significado es el antónimo de lo que en realidad vive un paciente con enfermedad mental. Se cree que proviene del árabe lawqa, que significa tonto o estúpido, cuando, si bien en algunas de estas patologías la inteligencia del individuo puede verse afectada, no es el común denominador en esta población.

A la gente le cuesta entender que la mente se enferma, incluso varios colegas de especialidades diferentes a psiquiatría están llenos de dudas y prejuicios relacionados como nuestro quehacer. A veces se confunden, creyendo que los únicos importantes para la historia de la medicina fueron Fleming, Osler, Virchow y Duke sin saber siquiera que Pinel, el médico francés inmortalizado en el cuadro de Robert Fleury mientras ordenaba desencadenar a los alienados de la Salpêtrière, antes de ser psiquiatra, fue médico internista.

Es mucho más fácil y llamativo inicialmente notar la deformidad de un hueso fracturado, líquido libre en una cavidad o un tímpano perforado que una alucinación (escuchar, ver, sentir, oler o degustar cosas que no existen en el mundo exterior) o una idea obsesiva porque no se entienden fácilmente. Son alteraciones que se relacionan directamente con los sentimientos, las emociones, las percepciones y los pensamientos, por lo que en primera instancia no se identifican como patológicas y por ende, no se contempla la necesidad de ser evaluado por un médico cuando se presentan. Por eso cuando una persona sufre un infarto, quiere que lo valore el cardiólogo para que le explique que le pasó y como le va a ayudar pero cuando alguien está atormentado por la tristeza, la ansiedad y la incapacidad de sentir placer, las ideas de que el futuro no va a cambiar, la sensación de soledad y las ganas de morir, lo primero que se escucha es que esa persona no tiene motivos para sentirse así, que debe poner de su parte para mejorar y no que debe consultar al médico. Como hay médicos especializados en el corazón, los riñones, los huesos o la sangre, también estamos los que nos especializamos en la mente. En Antioquia contamos con tres facultades de medicina que gradúan cada año nuevos especialistas en psiquiatría, quienes debieron estudiar entre 10 y 11 años mínimo para aprender específicamente sobre los trastornos mentales, el sufrimiento que estos generan en los pacientes (y en su familia) y la forma ideal de mitigarlo.

Una de las críticas más comunes hacia la enfermedad mental es que no se puede demostrar con paraclínicos definitivos. Es verdad, pues siendo objetivos, la psiquiatría es la especialidad más clínica de todas, donde no hay una prueba que te diga “positivo para trastorno afectivo bipolar” y no hay imagen como una radiografía o una resonancia que defina el diagnóstico. Lo que la psiquiatría busca solo está disponible para los que nos apasiona disecar con pinzas la vida de una persona, palabra a palabra, con el objetivo de encontrar la manera más pertinente de ayudar.

Como todo médico, además de la ética en nuestro ejercicio nos apoyamos en los medicamentos. Muchos creen que somos prescribers, pastilleros que únicamente formulamos fármacos caros, los cuales producen confusión, somnolencia o dependencia en nuestros pacientes. Frente a esto tiene que quedar claro que ningún medicamento en ningún área de la medicina ha logrado cumplir su cometido sin producir efectos secundarios, algunas veces adversos. Ejemplos cotidianos son las hipoglicemias producidas por la insulina en pacientes con diabetes o la hipotensión de aquellos que toman algún antihipertensivo. Los psicofármacos son las herramientas que manejamos, buscando aliviar los síntomas de las enfermedades mentales y evitando al máximo la aparición de sus efectos secundarios. Para empeorar, el aumento en los índices de prevalencia de las enfermedades mentales es utilizado como argumento para decir que se busca diagnosticar en todo el mundo un trastorno y no que a medida que avanza el conocimiento, somos capaces de diagnosticar de forma más eficaz y temprana. Si cambiamos el ejemplo por la evolución del diagnóstico de cáncer en el tiempo, donde a pesar del aumento en el diagnóstico nadie proclama que el cáncer es un invento o que solo existe para que se pueda vender algún medicamento, dicho argumento se derrumba.

Otro problema que ha colaborado al crecimiento del estigma frente a la enfermedad mental es el mal uso del lenguaje, lo que lleva a la confusión de conceptos. Se piensa que estar deprimido es estar triste, que una persona con un trastorno de la alimentación simplemente está desganada o que alguien con dependencia a sustancias es un vicioso y no una persona enferma. El normalizar la enfermedad mental solo trae consecuencias deletéreas para quien la sufre y es por eso que se debe reconocer como alteración que requiere tratamiento médico cuando se presenta y no como un estado pasajero que mejorará con el pasar del tiempo.

Los trastornos del ánimo son uno de los motivos de consulta más comunes a nivel mundial, especialmente en Antioquia y dentro de ellos, el trastorno afectivo bipolar (TAB) es uno de los más prevalentes. Se trata de una patología en la cual aparecen dos tipos de episodios que alteran todas las esferas de la vida de una persona. Uno de los posibles polos es el denominado depresivo, en el cual los pacientes experimentan tristeza la mayor parte de los días, un apagamiento de la energía vital acompañado de la incapacidad de sentir placer, pobre motivación para hacer cosas, gran ansiedad, alteraciones en el apetito, el sueño y aparición de ideas como disminución del autoestima, pesimismo extremo e incluso deseos de morir llegando al punto de atentar contra la propia existencia. En el otro polo, denominado maníaco, se presenta todo lo contrario. Aparece una sensación de extremo bienestar con aumento notable de la energía, tanto que la necesidad de sueño disminuye, llegando a reposar solamente un par de horas por noche o simplemente, pasando días enteros sin dormir. Los pensamientos van muy rápido, son tantos que la persona empieza a hablar sin parar y de múltiples temas, siendo difícil seguir la trama de la conversación. Son inquietos, pueden emprender varias tareas a la vez e inmiscuirse en actividades arriesgadas, además se tornan fácilmente irritables cuando se contradicen y no se hace lo que piden. En cualquiera de los dos casos, las alteraciones pueden ser tan severas que los pacientes llegan a experimentar fenómenos como alucinaciones e ideas delirantes, pensamientos que a pesar de no ser reales ni compartidos por otros, no son susceptibles de ser rebatidos. Es muy importante tener siempre presente que los pacientes con TAB en momentos de crisis tienen su capacidad de juicio alterada y que rara vez por voluntad propia buscarán ayuda, pues la ausencia de consciencia de enfermedad, al menos al inicio de esta, es el común denominador.

Los pacientes con TAB requieren una atención especializada por parte del psiquiatra, pues los episodios sin tratamiento pueden durar meses y de no ser manejados oportunamente, conllevar a consecuencias catastróficas. Por ello la importancia del reconocimiento de los síntomas por parte de los familiares y personas cercanas, quienes deben conocer sobre la enfermedad, sus síntomas iniciales y las señales específicas que indiquen una descompensación del paciente.

La importancia de lo anterior radica en el hecho de que un paciente con TAB en tratamiento médico, con controles periódicos y educación sobre su patología puede llevar una vida sin contratiempos, trabajar, cuidar de su familia y alcanzar sus objetivos personales. Por lo contrario, pacientes con múltiples crisis, sin adherencia al tratamiento o sin acompañamiento de su grupo familiar están en un alto riesgo de deterioro funcional, con problemas a nivel laboral y dificultades a nivel familiar.

La enfermedad mental existe, el TAB existe y no es cuestión de si se quiere creer en ellos o no, pues la ventaja de la ciencia es que no se necesita creer en ella para que sea verdad. Como psiquiatras, desde el método científico utilizamos lo que estudiamos y sabemos que funciona para el tratamiento de estas patologías, buscando una estabilidad en la mejoría de los pacientes que atendemos. Es una tarea difícil para la cual nos preparamos mucho, sin embargo, necesitamos un aliado incondicional que nos ayude a llevarla a cabo; alguien cercano al paciente, que se interese por estas enfermedades, las conozca e identifique cuando algo requiere una intervención médica. Ese alguien, querido lector, es usted.

3 comentarios sobre “La psiquiatría y la sensibilización sobre el trastorno afectivo bipolar.

  1. Cuanto hay de cierto en sus palabras Dr Marino. Opino que el que no considera las enfermedades mentales como tales es que nunca vivió cerca de una o es un necio. Por suerte los psiquiatras no están solos y mucha gente se interesa en estos temas. Brillante.

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  2. Muy buen escrito, definitivamente falta conciencia frente a este tipo de trastornos , que a veces, cómo lo mencionas dejamos de considerar una patología misma y no le damos el valor y la atención que realmente requieren.

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